Miércoles de Ceniza: ¡Recuerda Hombre que vas a morir!
- padremauriciofsic
- 1 mar 2022
- 3 Min. de lectura

En este momento de la Historia de la Humanidad, podemos decir que esta puesta de manifiesto la fragilidad del ser humano y palpable que su paso fisico es como un suspiro breve. La misma Liturgia Penitencial nos lo recuerda: “Recuerda que del polvo naciste y al polvo vas a volver”, y es por demás curioso, como el hombre se afana en lo realzar aquello que va a desaparecer en el paso de los años y que el sepulcro no va a perdonar. La belleza fisica por encima de la belleza del alma.
¿De que te sirve, hombre, hermosear un fisico atractivo, si a los ojos de Dios no eres más que miseria y podredumbre? ¿De que te sirve ser aplaudido en esta vida, si vas camino a ser reprochado por toda la eternidad? Y parece que en este tiempo, estas sentencias son impensables y hasta insolentes a las mentes y al “libre” pensamiento de la humanidad esclavizada en los placeres, en la egolatría, cuando todos desean ser más que el de enfrente o gobernar por encima del primero que puedan pisotear.
Y se nos olvida que en el sepulcro todo esto no va a valer absolutamente nada de lo que ahora le damos importancia. Que la carne se pudrirá, que nuestro semblante al paso del tiempo mostrará la realidad espiritual que alcanzamos, que el cuerpo que llenamos de esmero con joyas, rutinas de ejercicio, no será sino reducido a una mortaja de huesos secos que no atraerán a nadie sino al recuerdo de lo que alguna vez llegamos a ser.
Que si hoy estamos aquí disfrutando de la anchura del momento entre risas y charlas, entre amistades y comidas, y que mañana podemos no abrir los ojos para contemplar un nuevo día, sino para abrirlos y contemplar que estamos ante el Juez y Dominador de todo cuanto existe y que será ya no el Juez Misericordioso, sino el Juez Justo que pesará nuestra vida y dictará la sentencia definitiva: o ven bendito a tomar posesión del Reino que prepare para ti, o el que volteará la mirada para alejarnos como los malditos al fuego que no se apagará nunca, porque se alimentara dentro de nosotros con las pasiones que no doblegamos, con el desprecio de ser penitentes mientras tuvimos tiempo.
No es el temer a perder la vida la vida en el cuerpo que hoy nos mueve, sino el temer a Dios que tiene el poder de dar la muerte sin final al alma que protege el cuerpo. Que aunque el cuerpo termina reducido a guzanos, es el alma que sigue viviendo sin conocer la muerte, porque Dios no puede destruir a la imagen que de sí mismos formo para nosotros y que redimio por el precio tan alto de Cristo y que nos adopto por las aguas de la gracia bautismal. Dios no puede destruirla porque sería como contradecirse a sí mismo y a la suma bondad que nos ha comunicado. Más sin embargo, prefiere apartarnos de sí mismo si caemos en la pena eterna, para no lastimar nuestros sentidos con el recuerdo de lo que nosotros mismos por libertad rechazamos. ¡Ah! Dios tenga piedad y nos libre de la hora en que caigamos en esa suerte, antes bien, nos dé suficiente entendimiento para comprenderlo y enderezar el camino mientras ahora tenemos tiempo para ello, que después será tarde y ni las lágrimas, ni los ruegos alcanzarán para librarnos de esa terrible sentencia.
No recibas, alma que me lees y me escuchas, el signo santo de la Ceniza como quien recibe un signo de suerte o de costumbre, ni creas que no recibirla lleva la pena del pecado, sino antes, recuerda y ten siempre claro que es el signo de que no somos nada y así como Dios nos ha traído a la vida, solo él tiene el poder para volverla a tomar. Teme más bien a la vida de pecado que hasta hoy llevas sin hacer penitencia ni convertirte, porque así vas caminando por la senda ancha y segura que lleva a la perdición de tu alma.
Hoy se hacen para ti las Palabras del Bautista: “Preparen el camino… hagan rectos sus senderos” (Mc. 1, 1-18).
Rvdo. P. Mauricio P. Solís
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