Mensaje por el Mes de San José 2022
- padremauriciofsic
- 1 mar 2022
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“San José, después de Jesús y María,
es el amparo seguro
para afrontar la dureza de estos tiempos”
Queridos Hijos:
De manera especial, la Santa Iglesia dedica el mes de marzo a meditar en la figura singular del Castísimo San José, Padre Legal de Nuestro Señor, que de manera misteriosa ha querido permanecer en el silencio activo de los Tiempos. Silencio activo, porque es él quien sostiene de manera firme a la Iglesia, como sostuvo a la Sagrada Familia, pero sin duda, podemos decir con toda justicia, que ha llegado el tiempo en que San José sea más reconocido y mayormente amado.
José, a semejanza de María, hallo Gracia ante Dios y los Hombres, como ningún otro varón, pues él, de manera especialísima, contemplo y palpó, lo que los Patriarcas y Profetas solo fueron capaces de suspirar: mirar y escuchar al Salvador del Género Humano. Y José, no solo fue capaz de mirarlo, adorarlo y escucharlo, sino que, de una manera sutil, podemos decir que fue el primero de los sacerdotes de la Nueva Alianza que lo tocó, lo cargo y lo ofreció al Padre en unión con María cuando fue Presentado en el Templo, y más aún, José, con toda la suma justicia, podemos decirlo, fue el Primer Custodio del Santísimo Sacramento, Jesucristo al librarlo de la persecución en la Huida a Egipto.
Así como María Santísima es el Arca de la Nueva Alianza y Primer Sagrario del Santísimo Sacramento, la Primera Adoradora, de la misma forma, San José es por excelencia el modelo de los Adoradores que con su silencio permanecen firmes y fieles en largas horas de contemplación ante el Señor, de donde son nutridos de los tesoros celestiales y así como por el ángel, José fue adoctrinado que el Seno de María fue fecundado por Obra del Espíritu Santo y que el Niño formándose en el era el Salvador, de manera semejante, los adoradores son iluminados, ya no por un ángel, sino por el Espíritu Santo que en el Santo Tabernáculo, esta Realmente Presente Cristo, con toda su Humanidad transfigurada por la apariencia del Pan para ser totalmente adorado de los Hombres como lo fue adorado por San José en continuo silencio, tanto más en estos tiempos tristísimos, donde no solo los enemigos declarados, sino mas terriblemente aún, los que se dicen hijos y siervos lo ultrajan en este Augusto Sacramento, donde deberían ser los primeros en ofrendar incluso su vida por protegerle.
Estos tiempos, en que se levantan olas verdaderamente altaneras sobre la Iglesia y sobre el mundo, podemos decir que es sumamente urgente acogernos a la sombra de San José para afrontar su dureza. Aprender del silencio en medio de la persecución y de la calumnia; de la fidelidad mientras se levantan doctrinas que denigran no solo la Verdad de Cristo, sino incluso la verdad del ser humano, pisoteando no solo su dignidad sino su esencia misma como imagen y semejanza de Dios. Donde el mismo ser humano se ha llenado de soberbia, pretendiendo no servir, sino ser servido y enaltecido como un ídolo intocable, donde su antojo es ley y su palabra la vara de hierro sobre quien no se asemeja a la locura que se presenta como aparente libertad, es aquí donde el mundo debe aprender de la humildad de San José.
No nos cansemos de acogernos a su Patrocinio, no solamente en la meditación de este mes y en la especial Solemnidad, sino de manera constante, que refugiados entre los Sagrados Corazones de Jesús, María y José, en la vivencia de las virtudes, podremos enfrentar los males que en este momento azotan al mundo.
Casto Corazón de San José, fidelísimo servidor de Cristo, que la divina piedad te ha encomendado el cuidado de la Santa Iglesia, acoge benigno nuestra oración y preséntala ante el Trono de la Augusta Trinidad, en Unión de las suplicas de Tu Santísima Esposa y alcanzamos las gracias necesarias para ser fieles en medio de las tinieblas del mundo cada vez más alejado de Dios. Nos sea propicia tu Protección de los ataques de los espíritus infernales y aprendamos a vivir en castidad y obediencia como constante obsequio de Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Rvdo. P. Mauricio P. Solís
Dado en la Ciudad de Mexicali, B.C. a 01 del mes de marzo del año del Señor 2022.




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